Alejandra G. Ramón. El Miedo.

El miedo es una sensación, de frustración. El miedo es un lugar, una cama vacía. El miedo es un dolor, de estómago. El miedo es un silencio sordo, una pregunta sin respuesta. El miedo es oscuridad, falta de luz. El miedo son sueños rotos, la incongruencia de los suspiros al aire. El miedo son un montón de monosílabos en cadena: no, sí, puede, nunca, quizás, basta, duele, quema, tú. El miedo son todas esas cosas que causan mareas internas sobrealimentadas por aquellos recuerdos marchitos que nos afearon el corazón.

La experiencia no siempre es un grado. La experiencia traumática sobre el miedo lo mismo nos empuja hacia adelante como nos involucra en una espiral de desórdenes donde no encontramos la salida. Un vacío donde no existe oxígeno y cualquier muestra de vida en ocasiones se ahoga por no tener aire suficiente para respirar. Ese lugar donde no puede haber vida, donde no puede ocurrir nada, donde no se avanza. Y qué pasa entonces.

A veces me da por pensar que el pánico es la sensación de la controversia, lo mismo es aliciente como es veneno, los mismo es polvo de hadas como tierra merma… El pánico es un montón de situaciones vividas y tristezas adquiridas que hacen daño, las cuales salen a flote en el momento más inoportuno a través de nuestra memoria. Qué insolente la memoria, qué descarada, que siempre guarda todas esas cosas que nos hacen daño para recordarnos que no somos de metal.

El miedo siempre nos hace ver las cosas peor de lo que son, nos abruma, nos recluye, nos debilita. En definitiva, nos corta las alas. Su justa medida es injusta, no siempre mide las oportunidades como infinitas, no siempre intuye los amaneceres como triunfantes, no siempre ayuda, a veces atormenta. El miedo es cobarde y austero, no tiene colores, ni aromas, ni fuegos.

Y yo me digo, ¿Por qué le tenemos miedo al miedo? ¿Por qué no nos enfrentamos y lo giramos y lo retorcemos?

Loreto Sesma. Conocerte.

Hay demasiadas cosas que aún tengo que conocer de ti, detalles como por ejemplo si eres de los que miran con nostalgia por la ventana del autobús o si eres de esos que analizan a cada persona que entra. Si de vez en cuando juegas a mi rompecabezas de intentar averiguar cuales son las penas que acarrea cada cuerpo; de dónde vendrán, si ellos también están enamorados o si lo estarán algún día. Puede que incluso acaben prendados de tu sonrisa, pero esperemos que no, porque yo quiero ser la ocupa de tus labios por mucho tiempo.
Me gustaría saber si también caes en la tentación de tararear tu canción favorita cuando suena en la radio, o si algún día podría ser el motivo por el cual tengas dos pies derechos, y no puedas levantarte ninguna mañana con el izquierdo.
Hay tantas cosas que ahogan mi cabeza que, por un momento, quisiera escribirlas en una lista como quien escribe la lista de la compra. Pero sé que eso no es posible porque si algo he conocido de ti es que tienes una letra inteligible y que jamás te descubrirías tras tu máscara de corazón fuerte.
Pero algún día lo harás porque no se puede besar con los labios cubiertos, igual que no se puede querer a un corazón que esta a oscuras. Pero qué te voy a decir a ti, con la de damas que se han roto la falda por intentar rozar un mínimo de tu mejilla, qué te voy a decir si eres el caballero que aparece para convertir cada momento en fantasía y luego desapareces, tal y como dicta tu guión. Porque eres como un sueño, pero aún así siempre serás ese chico que se acomoda en la esquina del bar y que nunca tiene la copa vacía.
Quiero conocerte, saber de ti y que, una noche cualquiera vayamos al bar de siempre y se te olvide que solías pedir un tiro largo de Jack, porque estés tan ocupado intentando conocerme que todo se desvanece a tu alrededor.
De momento, voy a limitarme a sonreírte porque se te ve muy solo en esa esquina del bar. Quién sabe si cuando vayas a pedir la cuenta, la camarera con su falda tan corta te invita a otro trago más; o quién sabe si me acerco, te susurro todo esto y nos tomamos juntos la siguiente.
Porque hasta ahora sólo he jugado a intentar saber cómo eres, ahora es el turno de conocerte.

Berta García Faet. poema sobre mirar al cielo de noche y pensar muchas cosas.

yo que opino que la hipermetropía es una manera legítima de existir y que intento ser una buena persona y que estudio mucho ética y metaética y yo que lloro mucho con david hume y con los galgos maltratados y con los viejos maltratados y con la contaminación de las heces de las gallinas y sus obscenas celdas del tamaño de un folio A-4 y sus viscosas fiebres del tamaño de un subcontinente y yo que creo en los tirabuzones de los páramos y yo que ignoro todo y me pregunto qué hacer sin lenin y con cielo qué hacer con el mundo y su cabello cardado y reseco y cómo tocar sus huesos arcaicos y su praxis y el humo de su belleza impenetrable y yo que siempre siento la presencia de un humo fratricida del sabor umami de la leche cuando quiero verter una palabra amable y desaliñada en la gorra entreabierta del mendigo o del músico y yo que sé bastante del amor y que lucho activamente aunque con sueño o con sueños excesivos a favor de la pandemia global del perdón y de esperanza que arrase el planeta tierra tal y como lo desconocemos de una vez por todas y yo que sueño excesivamente sueños de carácter excesivamente erótico y a veces perverso y abrupto y que nunca le perdonaré a mi especie Auschwitz rosa parks el estado-nación el dinero el niño muerto y yo que olvido mucho y que propongo encender una vela con todos vosotros juntos para recordar todos nuestros olvidos y yo que hurgo en la ranura dellogos y no encuentro nada y yo que tengo un progenitor A y un progenitor B y un hermano y una hermana y yo que aun así ignoro todo de la muerte y me pregunto qué cantar cuando anochece y qué cantar que no insulte al famélico o al translúcido o a la mujer bajo las piedras del odio y yo que tirito con virginal desasosiego en el instante crítico de tener que elegir un campo favorito o un animal favorito o un juicio moral verdadero tan solo un juicio moral verdadero yo me río un poco con envidia un poco con amargura sí lo admito me río un poco con amargura un poco con envidia un poco con resentimiento de la seguridad ontológica del hombre medieval, qué enternecedor