Loreto Sesma. Depresión.

eso que late no es una canción

pero necesito que sigas bailando.

Es tic tac,

pero no es reloj.

Es timón,

es acantilado,

es billete directo al pasado.

Con razón

el corazón

suena a muro taladrado.

Creo que a estas alturas,

he de ser honesta conmigo

y reconocer

que la primera vez que duré de lo que estaba sintiendo

fue cuando pensé al mirarte:
no te vayas,

o al menos no lo hagas,

todavía.

Qué manera más extraña

de decir “te quiero”

tenemos

aquellos que venimos

lamiéndonos

agotados

las heridas.

Andrea Abreu López. Hervé Guibert.

i.

muerdo
tus
dientes
lamo
el
blanco
de
tus
ojos
acaricio
tus
uñas
beso
tu
entrecejo
me
baño
en
el
agua
de
tus
tobillos
froto
mis
venas
con
tu
carne
con
tu
vello
rubio
de
las
piernas
me
peino
el
pelo
sorbo
tus
arrugas
mastico
la
piel
muerta
de
tu
espalda
escupo
encima
de
tus
párpados
te
escupo
encima

ii.

escúpeme
en
la
lengua
quiero
tragar
saliva
ácida
veneno
eres
un
feto
creciendo
dentro
de
mi
boca
eres
bizco
de
sonidos
eres
la
tarde
y
la
mañana

iii.

no
tengo
límite
en
la
cuenca
de
los
ojos
revuélcate
en
el
barrizal
de
mi
pupila
estarás
sucio
como
un
perro
mojado
estarás
tibio
y
olerás
a
monte

Loreto Sesma. Después, Mañana.

Después, mañana

Estaba loca, loca de remate,
y era guapa, guapa de cojones.
Y conocía a la luna,
y bailaba rock and roll frente al espejo,
y salía
y bebía
y no se acordaba de nada al día siguiente.

Estaba rota, tanto como un trapo,
y era dura, dura de roer,
y odiaba a los poetas,
y se ponía hasta el culo
y lloraba
y se corría
y no se acordaba de nada al día siguiente.

Dormía poco,
y tenía las ojeras más preciosas
que habían ignorado jamas.
Era la princesa de mi cuento,
la que follaba con extremo duro sonando de fondo
y se metía de todo, menos mis drogas.

Amaba,
era capaz de amar,
por encima de cualquier boca deaspeinada,
de cualquier trovador de mierda,
de cualquier basura literaría que le escribía,
era jodidamente perfecta,
y su único defecto era yo.

Sospecho que venía de otro mundo,
por eso de que nadie había logrado entenderla nunca,
aunque siempre era la que más gritaba
y que era inmortal
por eso de sus infinitas pecas,
y que me tenía calado,
y que sabía cosas sobre mi que nadie sabra jamas.

Era la chica con la desearías pasar
el resto de vuestra vida.
Era la chica diez,
y le faltaban un par de veranos,
conmigo, digo,
y cada vez que me la encontraba por ahí,
me decía que no se acordaría de nada al día siguiente,
y aun así,
me iría a vivir con su olvido,
todos los días del resto de mi vida.