Elena Medel. Mi primer bikini.

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.
Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive

Loreto Sesma. Kilómetro.

En la radio suena…

Aprendiendo a vivir
a coger en marcha el autobús.
Aprendiendo a leer
en los ojos de la multitud.
Aprendiendo a vivir
amando contrarreloj.
Aprendiendo a seguir
el compás de la imaginación.

Aprendiendo a vivir


Hay autobuses que parecen las salas de espera de un hospital,

igual que hay estaciones que están cansadas de ver llegar gente
que luego nunca se queda.

Creo que deberíamos preguntarles a los trenes qué es lo que sienten,
porque me he dado cuenta de que a ellos tampoco hay nadie que los espere,
lo único que quiere la gente
es llegar a su destino.

Hay gatos que (sobre)viven en la calle
que desearían no tener que soportar las oportunidades
que les otorgan sus siete vidas.

Drogas que no querían hacer daño,
sólo necesitaban alguien que las necesitara.

Hospitales que lloran por las noches
por ver morir a gente,
lo que ellos querían era salvarles.

Tartas de cumpleaños que ven las velas
como espadas que las atraviesan.

Cuchillos que no querían hacer herida,
sólo querían ser aquello que corta la soga
y acabaron en alguna espalda.

Cementerios con complejo de floristería.

Edificios que querían ser hogar
y acabaron siendo cárcel.

Cárceles que son hogar.

Medicinas que no se venden en farmacias
y curan más que cualquier pastilla.

Y espero que entiendas
que en ningún momento he hablado
ni de autobuses,
ni de trenes,
ni de gatos,
ni de drogas,
ni de hospitales,
ni de tartas de cumpleaños,
ni de cuchillos,
ni de cementerios,
ni de edificios,
ni de cárceles,
ni de medicinas.

He venido a hablaros de personas