Louise Glück. El Espino.

Al lado tuyo, pero no
de tu mano: así te miro
andar por el jardín
de verano: las cosas
que no pueden moverse
aprenden a mirar. No necesito
perseguirte a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten, flores
esparcidas en el polvo del camino, todas
blancas y doradas, algunas
levemente alzadas
por el viento de la tarde. No necesito
seguirte adonde estás ahora,
hundido en la ponzoña de este campo, para
saber la causa de tu huida, de tu humana
pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?

Karen Cano. Yo también.

Yo también quiero un hombre
para hacerlo mi puta
penetrarlo por el ano
con exquistos gestos de deseo y desprecio
para desvirgar cada orificio con mis dedos
hasta hacer de su cuerpo, un cascarón agujereado
como un queso
agarrarle la cola y presumirlo
como un trofeo
porque es mío
porque yo me lo apropio cada que lo meo
yo también quiero un hombre
para culearlo en días festivos
para sujetarlo de la cabeza
y restregar su boca con mi pubis
no importa que no respire
dejar que pasen los días y no llamarlo
dejar que pasen las noches y un
día aparecer en la puerta
decirle “Hola perra”
sonreír orgullosa cuando se ponga en cuatro
y meterle mi falo de plástico
un hombre para repetirle que no llore
para divertirme
para beberme sus horas más felices
para que me haga venirme
una, dos, las veces que yo quiera
porque soy incansable
porque no tengo límites
y después quiero otro hombre
más o menos parecido
para darle un anillo bonito
y decirle que a él sí lo amo.