Victor Oliveira Mateus.

El llanto irrumpe en algún lugar entre la luz y la palabra. Me despierta. Me arrastra a esta búsqueda de nexos a un desacierto que siempre quiero. El  llanto es el estremecimiento con que fustigas mi silencio, con que afirmas tu voluntad en un mundo adulto y sin salida. Me aproximo: la sedosa piel, las pequeñas convulsiones, una lágrima como sólo antes en los lienzos románticos o en el fastidiado rechazo de los secos. Me acerco un poco más. Me acerco y el llanto reblandece su ritmo, y se vuelve una cosa mecánica, algo de cuya fuente se quiere liberar- cesa. Cesa y da paso a tus ojos devorando ahora mi analogía  con la idea de milagro. Sé que no tienes aún la noción de volumen ni de profundidad – yo soy una mera hoja de zinc doblada sobre ti, dos ojos también ellos ávidos en el desconocimiento que los rodea. Allí nos quedamos (el llanto atropellado escaleras abajo, busca, en un juego de gallina ciega, quién desde la calle le traerá nuevas ocupaciones, víctimas indefensas): dos lazos, son dos ríos confluyendo hacia una fulgente eternidad que comienza a afirmarse en el instante.

Vladimir Nabokov. Lolita.

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.”

Mircea Cartarescu. El Ojo Castaño de nuestro Amor.

Ada-Kaleh, Ada-Kaleh…como si, al escribir, cada línea que trazo en la página con el bolígrafo se cubriera de moho y cada página que dejo atrás, cubierta con mi escritura, se abarquillara, amarilleara y se retorciera como una hoja seca. Pero yo seguiría escribiendo igualmente cada vez más rápido, para que no me alcancen el desastre y la desgracia. …Como si, al releerme, cada fotón que choca contra mi página, rebota y atraviesa mi retina envejeciera sobre la marcha, se arrugara como un grano de pimienta y, en lugar de luz, brotara de él un polvo sofocante, como el polvillo de las alas de las mariposas muertas, clavadas con un alfiler oxidado en el insectario. …Como si, al comer, la cuchara en la que la sopa gira lentamente, arrastrando en su giro un fideo, se oxidara en el trayecto del plato a la boca, se corroyera y cayera convertida en migajas de óxido sobre la holanda pura del mantel, y solo una bola de sopa, blanda y en continua remodelación, siguiera levitando en el vacío hasta llenarse también ella de gusanos y tijeretas. …Como si, al hacer el amor, los billones de barquitos de papel liberados por mi vientre penetraran en el vientre de mi esposa, en el interior de una geografía desconocida y extraña, atravesaran gargantas terribles, cataratas implacables, naufragaran en tierras llenas de conchas, se precipitaran por las trompas traslúcidas, ardieran al rozar las paredes y fueran atrapados por seres sin ojos hasta que un solo velerito se detuviera en las aguas tranquilas que rodean la abrumadora, redonda fortaleza. Y allí, bajo un cielo de tormenta, esperara la ruina, la ruina total, la ruina ilimitada. No ha quedado ni una piedra de aquella ciudadela ovariana. …Como si los puentes se derrumbaran a mi paso. …Como si las estrellas explotaran después de caer dormido. …Como si nuestra memoria fuera un osario. …Como si nuestra mente fuera una campana resquebrajada.