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Poesía

Vanessa Pérez Sauquillo. Poemas.

Esta mañana supe
mi extraña rendición a tus palabras,
mi irrevocable voluntad de náufrago
de sílabas,
de filóloga ahorcada en complementos
directos o indirectos
pero tuyos.

Esta mañana supe
que me visto en tus verbos,
desayuno tu nombre
y me quedo perdida, como tonta,
si me encuentro algún «no»
camino de la tarde,
camino de la noche.

Esta mañana supe
que muy frecuentemente
me vuelvo monosílabo
de sombra
agarrado al tobillo de tus frases,
que muy frecuentemente
quisiera ser prendida en tu nevera
como «nota importante».

Esta mañana comprendí, aturdida.
Esta mañana supe, por fin vi
que me confundo en viento
cuando gritas mi nombre
y que basta un susurro,
un susurro de nada,
para dormirme en ti.

***

escucho los ladridos, distintamente,
pero nada sé de ese perro que arde
ni del dibujo de su huella por la tierra abrasada.

Reconozco a los que lo han mirado
frente a frente. Escucho sus historias.
He pasado varias veces la mano
ante sus ojos blancos desde entonces
y he sentido una llama calentarme los dedos.

Pero yo solo escucho los ladridos.
Incluso cuando salen de mi boca.

Nada sé de poesía.

***

un gato está velando nuestra época.
Vela en la oscuridad, en el silencio
aunque a lo lejos alguien cante o llore,
el odio, el odio y la tristeza
por la alfombra.
Su cabeza se mueve imperceptiblemente,
de izquierda a derecha,
de derecha a izquierda,
con los ojos borrachos de tan fijos,
ojos acuchillados,
aliento pesticida
y una oreja volada por la pólvora.
La radio suena y vela,
vela este gato
absorto y afilado
por lo que no velamos los demás.

Cuida la mala sangre.
Se la bebe.

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