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Poesía

Marialuz Albuja Bayas

Les temo a las palabras porque no me sirven
porque ignoro lo voraz
lo prematuro.
Porque me niego a suplicarles
y soy, sin embargo, la esclava que les besa las sandalias.

Le temo a la llegada del poema
porque viene rodeado de ausencia
porque sus bordes quebradizos amenazan con desaparecer entre mis manos
porque si lo miro, se deshoja.

¿Qué hiciste, madre, para llenarme de palabras?
¿Por qué no es posible el silencio?

Le temo al cuerpo que no entiende lo que digo.
A su lenguaje atroz le tengo miedo.
A la amenaza de una muerte que no me abandona:
pájaro revoloteando las naranjas de la carne
golondrina que endulzará su lengua con mi néctar.

Mi cuerpo se parece al tuyo, madre.
Pero siempre seré hija para ti.
La hija mayor.
Primera en desgarrarte
y en dejarte
nido abandonado a medianoche
en el enorme graderío que no termina
que no calla
que no escribo.

Le temo al final del poema
a la súbita desdicha en sus ojos
a los vacíos que lo perforan
como balas atravesadas en un tronco a punto de caer
a las imágenes mudas que aprietan su cuello
y agitan mi entorno que no logra desprenderse de ellas.

Le temo, madre, a tu angustia
y a las palabras que me enseñaste
porque no son las que quiero.

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