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Poesía

Iván Rusch. La Mano.

Abro una mano y veo en ella letras, cifras, grados,
todo, lo cruzado y análogo, el tigre y la hiedra, fin:
Es esa palma la carta abierta que escribí al mundo,
trozado en mí mismo, abierto en estacas,
subido al lomo de un fuego vacío:
Mano que, olvidada en escombros de caricias,
fue madre de la lágrima, la contuvo, la volvió a su útero,
para que yo pariera otra vez hijas gotas, saladas,
hijas para que mueran vírgenes en mi boca:
Escollo de lo innombrable, clara sombra ebúrnea,
papiro ahogado donde yace el mandamiento inútil,
mano eres, triste carne viva que de otra piel nace:
fuera la vida que asoma de mi pecho mujer o isla,
tierra o carne donde ahogar mi mano,
fuego donde carbonizarla, hacerla de olvido negro,
sediento juego de uñas; mano, conoces otras pieles,
y hay una que te sacaba los huesos para afuera por habitarla,
y en otra destrucción te formó mía,
de mis extremidades como sombras caídas,
muertos alrededor de la luz de otro cuerpo:

Abierta la mano cuenta eternidades, inflama ideas:
Baja el vino, lloro sin ojos, una foto de otro tiempo,
y la belleza clama por sangre en el olvido:
Pero tú no estás más viva por recordarte, y te llamo:
Así cierro la mano, despacio, entras como una noche
-este poema desaparece.

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