Michel Houllebecq.

Por toda compañía tengo un contador eléctrico,

Cada veinte minutos emite unos ruidos secos

Y su funcionamiento preciso y mecánico Me consuela un poquito de mis recientes fracasos.

En mis primeros años tenía yo un dictáfono

Y me gustaba repetir con una voz irónica Poemas conmovedores, sensibles y narcisistas

Al corazón tranquilizador de sus dos micrófonos.

Adolescente ingenuo, sabiendo poco del mundo,

Me gustaba rodearme de máquinas perfectas

Cuyo modo de empleo, lleno de frases profundas,

Tornaba mi corazón contento, mi vida rica y completa.

Nunca la compañía de un ser humanoide Había turbado mis noches: todo iba mejor que bien

Y yo me organizaba la vida de un pequeño viejo

Pensativo y dulce, amable pero muy lúcido.

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