Verónica Aranda. Oficios.

Pasaban las muchachas con cestas de granadas;

supe de los oficios más humildes.

Y abrazarte en la aurora

fue perder la partida de ajedrez,

sacrificar la sombra del baniano

donde estaba el asceta sosegado en sí mismo.

Te sostuve, insegura, bajo el cuarto creciente,

y amarte fue también mi oficio más humilde,

como trenzar el mimbre o moler el centeno,

cuidar de los rebaños, picar piedras,

ser barquero en un río caudaloso.

Y amarte fue también mi oficio más humilde,

como el del mercader de marionetas

en un poblado árido o el lastre

de los porteadores de estación.

Y amarte fue también mi oficio más humilde,

como tejer guirnaldas durante treinta noches,

ser acróbata en ferias polvorientas

o intuir otras vidas por algunas monedas

en la choza precaria del astrólogo ciego.

Publicado por El Rincón del Buscador

Soy un buscador nato. De la Belleza, del Erotismo, de la Poesía, de la Música. Espero que disfrutemos juntos de esta nueva aventura sensual que inicio hoy. ¡Cuéntame!

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