Dorothy Porter. Gran Hotel.

Luce bien la pobreza,

como una galaxia de jóvenes estrellas ardientes,

de noche

cuando el barrio aferraándose a la montaña

centellea.

No hubo ningún ladrón

en mi cuarto.

Mis cosas están a salvo.

¿Qué me hizo falta

para ser robada?

En la noche

cierro las ventanillas

y escucho el ventilador

esparciendo el húmedo aire ecuatorial.

Por la mañana

estoy impaciente

de caminar a través

de ese bajo y peligroso cielo gris

otra vez.

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