Kailash Vajpeyi. Resignación.

Te felicito, Siglo Veinte, por tus extravagancias.
Yo aquí me rindo.
noche y día
protestando contra tu demoniolatría
yo, que estoy reducido a una llaga
no tengo deseos de degradarme más.
Me retiro
como el dolor mudo y helado
bajo la costra de sangre seca.

¡Sigue con tus detonaciones, querido Siglo!
Vete a mamar a la madre tierra
o a fornicar con algún individuo anónimo.
No queda nadie que desafíe
tu suave arrogancia.
La poesía está en el exilio.

Te admiro, Siglo Veinte
por tus acrobacias.
Opaco y sólido,
tu gris razonamiento
me recuerda la edad de piedra
con innumerables brutos refinados.
En este laberinto tuyo
donde la bruma reflejaba la ignominia
yo era una rareza,
el vuelo sin sentido 
de una mariposa solitaria
en la selva de cactus estramonios.

Antes de volverme totalmente loco,
debo admitir
que te estoy agradecido
por la cosecha de nuestras miserias,
por el impecable transplante de corazón
con abundancia de monóxido para inhalar.

En tu régimen aséptico 
donde los desperdicios son el destino de todo talento
y las masas, como abejas asexuadas
forman el saldo en la cuenta bancaria de alguien más,
la sensibilidad de asfalto era un don
sólo que nunca lo pensé.

De otra forma, qué sentido tenía
arrullar a los bebes-robots.
Qué sentido tenía acariciar la espuma.

Como un reloj que aún golpea en la muñeca de un cadáver

seguí escribiendo poemas
seguí quemando inciensos
en una fábrica de armas

Aún así, no te culpo, querido Siglo
por mi derrota prematura.

Después de todo hay ríos 
que no llegan nunca al mar.

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